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‘Cambio Cultural’ Category

En un mercado laboral que predica la innovación como valor, el edadismo opera como una de las formas más sutiles —y más costosas— de discriminación. Cada vez que una organización descarta a una persona por su edad, no solo perpetúa un prejuicio. También pierde algo mucho más valioso: inteligencia organizacional.

Innovar no debería ser solo un slogan ni un sinónimo de juventud o de herramientas técnicas de moda. Innovar, en su sentido más profundo, es la capacidad de adaptarse, de aprender, de construir soluciones nuevas a problemas complejos. Competencias que, lejos de concentrarse en una franja etaria, muchas veces se encuentran más sólidas en perfiles +45: visión estratégica, gestión emocional, resiliencia, y una comprensión profunda de los contextos.

Desde ABCOM acompañamos a la Diagonal Asociación Civil y Fundación IRSA en el Observatorio de Empleabilidad de Personas +45, un proyecto que puso en evidencia una paradoja inquietante: mientras muchas organizaciones declaran querer experiencia, compromiso y perspectiva, sus procesos de selección invisibilizan o descartan sistemáticamente a quienes pueden aportar justamente eso.

¿La consecuencia? No solo se priva a las personas +45 de oportunidades laborales justas, sino que se empobrece la cultura organizacional. Las barreras visibles —y, sobre todo, las invisibles— terminan erosionando la diversidad real de pensamiento, afectando la innovación genuina que las empresas dicen buscar.

Porque innovar no es incorporar herramientas nuevas: es integrar miradas diversas. Es pensar de forma distinta: construir desde la experiencia, no a pesar de ella.

Lo que las organizaciones están perdiendo

Las personas +45 no son un recurso difícil de ubicar. Son, muchas veces, las más preparadas para gestionar los desafíos de hoy:

  • Predisposición e interés por adaptarse al cambio.
  • Visión sistémica en tiempos de incertidumbre.
  • Capacidad de aprendizaje continuo.
  • Liderazgo con empatía intergeneracional.
  • Gestión emocional ante la presión.

En un contexto donde construir culturas organizacionales sólidas y resilientes es más urgente que nunca, ignorar estos activos es un error estratégico que las empresas no pueden seguir cometiendo. Y por el contrario, no acompañar a estos perfiles con capacitaciones que interpreten la necesidad de consolidar estas competencias se vuelve un error cada vez más recurrente y difícil de revertir.

¿Cómo cambiar esta realidad?

No alcanza con evitar la discriminación para construir culturas organizacionales verdaderamente innovadoras. Es necesario redefinir, de manera consciente y estratégica, qué entendemos por talento, desarrollo y potencial.

  • Reformular el concepto de desarrollo organizacional para que se adapte a la realidad y no a una idea. Para eso, es necesario asumir que el verdadero potencial no depende necesariamente de la edad cronológica, sino de competencias únicas que se identifican a partir de un buen reconocimiento de la realidad organizacional.
  • Revisar los procesos de selección para eliminar sesgos etarios explícitos e implícitos, tanto en las prácticas humanas como en los algoritmos que median las búsquedas laborales.
  • Sensibilizar y capacitar continuamente a líderes y equipos de selección sobre los sesgos inconscientes asociados a la edad y la visión estratégica de crecimiento de la organización, promoviendo evaluaciones basadas en competencias y trayectorias significativas para su propio desarrollo.
  • Fomentar la creación de equipos multigeneracionales no como un gesto de diversidad simbólica, sino como una estrategia clave para la innovación auténtica y el fortalecimiento organizacional.
  • Medir el impacto de la diversidad etaria en los resultados de negocio, integrándola como un activo estratégico en los tableros de gestión y transformación cultural.

La inclusión generacional no es una política de responsabilidad social: es una ventaja competitiva en un entorno donde la innovación real depende de la riqueza de miradas y experiencias.

¿Estás desaprovechando tu mejor recurso humano?

En ABCOM, llevamos más de 25 años ayudando a empresas a revertir sesgos con acciones concretas. ¿Cómo lo hacemos?

  • Diseñamos estrategias de Marca Empleadora inclusivas, que destacan el valor de cada talento, independientemente de su edad.
  • Creamos Propuestas de Valor diferenciadoras para captar perfiles +45 y mejorar su retención.
  • Potenciamos redes de embajadores que inspiran desde la experiencia.
  • Generamos acciones de comunicación para visibilizar el valor del desarrollo personal y de carrera.

Agendá hoy una consultoría gratuita y empezá a atraer el talento que otros aún no saben valorar.

Las organizaciones argentinas están atravesando un nuevo momento en relación con los espacios de trabajo. Tras varios años de virtualidad forzada, muchas volvieron —casi sin escalas— a esquemas de presencialidad plena. Pero el interrogante es inevitable: ¿qué motiva esa vuelta? ¿Una necesidad genuina o una pulsión por recuperar el control? ¿Una decisión estratégica o una construcción ideológica sobre lo que significa “ser productivos”?

ABCOM tiene nuevas oficinas. Y aunque el cambio de espacio podría parecer apenas un dato interno, decidimos convertirlo en una oportunidad para reflexionar sobre la importancia de pensar cómo y para qué trabajamos, cómo nos encontramos, cómo convivimos.

A partir de esta transformación, conversamos con Mariela Rodríguez Ponte, socia y COO de ABCOM, y Laura De Robertis, Directora de Cuentas de ABCOM, sobre el sentido de los espacios de trabajo y las tensiones que atraviesan hoy a las organizaciones. ¿Qué motiva realmente el regreso a la presencialidad? ¿Cómo se piensan —y se comunican— las decisiones que impactan en la vida laboral de las personas? ¿Qué tendencias están marcando el rumbo en este 2025?

El trabajo ya no entra en las viejas formas

Volver a la oficina no tiene, en sí mismo, ningún valor si no responde a una lógica de sentido. La presencialidad solo suma cuando se diseña para potenciar aquello que no se puede lograr en la virtualidad: el encuentro, la conversación espontánea, la construcción de confianza, la escucha activa. Pero pretender trasladar la rutina de la computadora a un escritorio compartido sólo porque sí es ineficiente, costoso y, muchas veces, contraproducente.

“La presencialidad no es mejor ni peor: es distinta. Sirve para cosas distintas. El problema aparece cuando se impone sin pensar. Ahí se pierde productividad, se erosiona el compromiso y se tensionan los vínculos”

Mariela Rodríguez Ponte

Desde ABCOM creemos en un modelo de trabajo híbrido desde siempre, diseñado desde una visión clara: combinar lo mejor de ambos mundos para generar valor, tanto para las personas como para el negocio. No es una fórmula mágica, es una práctica que se construye desde el criterio.

Lo que está en juego no es un escritorio: es una visión

Detrás de cada política de presencialidad hay una concepción del trabajo. Algunas organizaciones volvieron a poner el foco exclusivamente en los resultados medibles, la productividad inmediata, la lógica de “estar para que te vean”. Otras, en cambio, están pensando en esquemas más inteligentes, en los que la presencialidad se convierte en una herramienta al servicio de la colaboración y la experiencia laboral.

En ese juego también se pone en tensión la cultura organizacional. Porque imponer cuatro días de oficina por semana, sin considerar las trayectorias de vida de las personas, puede afectar la atracción y retención de talento. Y porque no alcanza con tener oficinas “lindas” si el modelo de trabajo detrás sigue siendo rígido y unidireccional.

Diseñar el espacio desde la experiencia

La transformación del espacio físico en ABCOM fue, ante todo, una decisión práctica: necesitábamos un lugar más cómodo, donde pudiéramos trabajar juntos sin que nadie quedara afuera. Pero también fue una oportunidad para reafirmar nuestra visión sobre el trabajo.

“La idea no fue hacer una oficina linda, sino una oficina que sirviera para lo que hacemos: para reunirnos, para pensar, para tener un brainstorming sin molestar al de al lado. Si no hay un sentido claro, por más que la oficina sea divina, nadie tiene ganas de venir”.

Laura de Robertis

Además, como toda mudanza, implicó diseñar una estrategia de comunicación que acompañara el proceso sin saturar. Lo hicimos como trabajamos: con humor, con ideas colaborativas, sin exagerar ni disfrazar las cosas. Una campaña breve, interna y sencilla, que buscó generar entusiasmo sin grandilocuencias. Porque si hay algo que tenemos en claro en ABCOM es cómo nos sale mejor trabajar. Y cuando tenés una visión compartida, la mejor comunicación es la más simple.

Si bien no fue un cambio radical (seguimos con un esquema híbrido) sumamos una segunda jornada presencial por mes. Y eso, aunque parezca menor, generó resistencia. Sobre todo en quienes viven más lejos. Por eso fue importante poder explicar bien el para qué. Si no hay un sentido claro, por más que la oficina sea divina, nadie tiene ganas de venir.

Una pregunta que vale la pena hacerse

Volver a la oficina no debería ser una reacción automática, ni una réplica de mandatos previos. Debería ser el resultado de una reflexión compartida: ¿qué tipo de experiencia queremos generar en nuestros espacios de trabajo? ¿Qué rol cumple la presencialidad en nuestra propuesta de valor como empleadores? ¿Qué visión del trabajo estamos construyendo y comunicando?

En ABCOM, acompañamos a organizaciones que buscan responder estas preguntas con criterio, coherencia y perspectiva humana. Sabemos que no hay una receta única, pero sí hay decisiones que se pueden tomar con más sentido para construir una propuesta de valor real y atractiva para el talento que buscás atraer y retener.

 ¿Estás atravesando un cambio en tu espacio de trabajo o repensando tu modelo de operaciones? Podemos ayudarte a construir una estrategia comunicacional alineada con tu cultura y tus objetivos. Escribinos y pensemos en conjunto cómo convertir el cambio en una oportunidad.

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¿Puede la IA ocupar el lugar de tu compañero de equipo?

La inteligencia artificial dejó de ser un tema exclusivo de especialistas para formar parte del día a día del trabajo del conocimiento. Pero más allá del hype, hay una pregunta que todavía no tiene respuesta definitiva: ¿cómo impacta realmente la IA en la dinámica de los equipos humanos?

Escrito por Marcela Boragina

 

Un estudio reciente de Harvard Business School y Procter & Gamble aporta evidencia concreta para empezar a pensar esa respuesta. En un experimento con más de 700 profesionales, se compararon distintas formas de encarar un mismo desafío de innovación: de forma individual, en equipos, con IA y sin IA. Lo que encontraron no es una conclusión cerrada, pero sí un dato clave para las organizaciones: la IA generativa no solo mejora el rendimiento individual, sino que empieza a cumplir funciones que hasta ahora considerábamos exclusivamente humanas.

Sobre el experimento

Durante una jornada intensiva, profesionales de áreas técnicas y comerciales participaron de un experimento de campo que los desafió a resolver problemas reales del día a día. La tarea fue sencilla: proponer ideas de nuevos productos a desarrollar.

El diseño fue simple pero revelador: algunas personas trabajaron solas, otras en duplas interdisciplinarias; algunas con IA generativa, otras sin. El objetivo era evaluar cómo cambia la dinámica de colaboración, la calidad de las soluciones y la experiencia emocional del trabajo cuando se incorpora una IA como apoyo. Las condiciones fueron controladas, pero el contexto era real: los desafíos propuestos eran parte de las necesidades concretas del negocio.

Pensar con IA puede ser tan efectivo como pensar con otro humano

Una de las premisas clásicas del trabajo en equipo es que dos cabezas piensan mejor que una. Sin embargo, uno de los hallazgos más contundentes del estudio fue que las personas que trabajaron solas con IA generativa produjeron soluciones de calidad equivalente —y en menor tiempo— que aquellas generadas por duplas humanas sin IA. La IA no sólo ayudó a organizar ideas, sino también a expandirlas, diversificarlas y darles estructura en función de los objetivos del desafío.

Esto no significa que el trabajo colectivo pierda sentido. Pero sí nos obliga a revisar qué entendemos por colaboración. ¿Es compartir un espacio? ¿Intercambiar ideas? ¿Resolver en conjunto lo que no se puede resolver en soledad? ¿Y qué pasa si una IA puede aportar también en ese proceso?

El valor del equipo no está en su número, sino en su diseño. Y si una IA puede actuar como una extensión que aporta, desafía y acompaña, tal vez el rendimiento ya no dependa de cuántas personas estén sentadas en la mesa, sino de cómo se construyen los vínculos de pensamiento entre quienes participan —sean humanos o no.

Integración de saberes, mejores propuestas

Otro dato revelador fue cómo la IA modificó el tipo de ideas generadas según el perfil de los participantes. Sin IA, los profesionales de áreas técnicas propusieron soluciones más técnicas pero con poca viabilidad de mercado; mientras que los perfiles comerciales, soluciones más orientadas al mercado pero con poca viabilidad técnica (algo esperable en ambos extremos). Sin embargo, al introducir IA, esa distinción se diluyó: las ideas se volvieron más híbridas, combinando elementos técnicos, comerciales y de experiencia con mayor naturalidad.

En este sentido, la IA no reemplazó la expertise, pero sí habilitó una forma distinta de pensar: menos sectorizada, más transversal. Actuó como un mediador invisible que ayuda a integrar saberes, sin necesidad de que quienes colaboran hablen “el mismo idioma”. En un contexto donde muchas organizaciones todavía luchan contra estructuras en silo, esto representa una oportunidad para ensayar nuevas formas de cruce y complementariedad.

En otras palabras: la IA puede funcionar como un facilitador del pensamiento transversal, incluso en equipos que no comparten un mismo lenguaje profesional. Un dato especialmente relevante para organizaciones que hoy están buscando reducir silos y fomentar nuevas formas de colaboración.

Mejores resultados, menos frustración

El tercer eje, y quizás el menos esperado, tiene que ver con la experiencia emocional en el trabajo. El estudio incorporó métricas subjetivas (auto-percepción de la experiencia) que muestran que quienes trabajaron con IA se sintieron menos frustrados, más entusiasmadas y más confiadas en sus ideas. Incluso por encima de quienes trabajaron en equipos humanos sin IA.

En un contexto donde el bienestar laboral es un factor estratégico, este no es un dato menor. Entender que la IA puede funcionar como un sostén cognitivo y emocional —ayudando a estructurar ideas, resolver bloqueos o validar intuiciones— amplía su valor mucho más allá de la productividad. Trabajar con IA, en muchos casos, puede sentirse menos solitario que trabajar en soledad.

Una pregunta que vale la pena hacerse

Si bien el estudio no afirma que la IA sea mejor que un equipo humano ni pretende plantear una fórmula universal, sí demuestra que es posible pensarla como parte activa de los procesos de trabajo, no solo como una herramienta técnica o un recurso puntual.

Su impacto, entonces, no es solo tecnológico. Es organizacional, cultural y emocional. Tiene que ver con cómo diseñamos los equipos, cómo redistribuimos el conocimiento, cómo entrenamos nuevas habilidades, y cómo acompañamos a las personas en la integración de tecnologías que no solo hacen, sino que piensan.

¿Estamos dispuestos a revisar nuestras prácticas de trabajo a la luz de estas nuevas posibilidades? ¿Qué roles queremos que cumpla la IA? ¿Qué lugar le damos en nuestras decisiones, nuestras conversaciones y nuestras formas de crear valor?

En ABCOM creemos que la tecnología no define por sí sola el rumbo. Lo define el modo en que se integra, se comunica y se pone en relación con las personas. Por eso, acompañamos a organizaciones que eligen preguntarse para qué usan la IA, cómo la conectan con su cultura, y qué conversaciones necesitan habilitar para hacerlo con criterio.

👉 ¿Estás explorando el uso de IA en tu organización? ¿Querés pensar cómo integrarla a tu forma de trabajar sin perder lo que te hace único? Podemos ayudarte a diseñar procesos, conversaciones y estrategias de comunicación que acompañen esa transición con sentido. Escribinos y lo pensamos juntos.

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En un entorno donde la tecnología redefine la forma en que trabajamos, la capacidad de una empresa para adoptar nuevas herramientas digitales no depende únicamente de su infraestructura, sino también de su mindset digital. En Argentina, este desafío se intensifica debido a particularidades económicas y culturales que influyen significativamente en la predisposición al cambio. ¿Qué tan preparados están los equipos para incorporar tecnologías complejas en su operación diaria? ¿Existe una visión estratégica clara sobre la tecnología? ¿Los procesos facilitan o bloquean la transformación operativa?

Por Martín González Frígoli

 

Las barreras invisibles 

Muchas organizaciones suelen enfocarse en adquirir tecnología de punta sin evaluar si su cultura y procesos están preparados para integrarla. Entre los principales obstáculos, observamos

  • Resistencia al cambio: el 70% de las iniciativas de transformación digital fracasan debido a la resistencia de los equipos (McKinsey, 2023). En Argentina, donde el cambio suele asociarse a incertidumbre económica, este fenómeno se intensifica.
  • Falta de alineación estratégica: Muchas empresas adoptan herramientas sin una visión clara de cómo estas contribuirán a sus objetivos de negocio. 
  • Déficit de formación y habilidades digitales: La falta de capacitación genera que las herramientas sean subutilizadas o mal implementadas, afectando la productividad y generando frustración en los equipos.
  • “Legacy”, o procesos obsoletos que bloquean la adopción tecnológica: No se trata solo de introducir herramientas digitales, sino de garantizar que los procesos internos permitan su uso eficiente.

El avance de la tecnologías demanda mayor importancia de la personas y equipos de trabajo quienes finalmente son quienes las adoptan, las hacen parte de su cotidiano y las incorporan en el adn cultural de la organización. Para superar estos desafíos, es clave anticiparse a través de la medición y comprensión del Mindset Digital de la organización antes de implementar cualquier solución tecnológica.

El Pulso de Mindset Digital como solución estratégica

Así como el diagnóstico en comunicación y cultura permite identificar aspectos claves sobre la identidad de una organización y cómo se proyecta hacia afuera, el Pulso de Mindset Digital es una metodología ágil que permite a las empresas diagnosticar su nivel de preparación para la adopción tecnológica. Se basa en el análisis de cuatro dimensiones interconectadas que determinan la capacidad real de una organización para integrar nuevas herramientas digitales o procesos que impliquen una nueva forma de operar:

1. Negocio: La visión estratégica de la digitalización

El primer paso es entender si la empresa cuenta con una estrategia clara de transformación digital. ¿Las inversiones en tecnología responden a un plan concreto? ¿La digitalización mejora la experiencia del cliente o los procesos internos? ¿Los líderes impulsan activamente una visión digital?

2. La preparación y predisposición de los colaboradores

La adopción tecnológica no depende solo de las herramientas, sino de quienes las utilizan. En esta dimensión, analizamos el nivel de conocimiento de las personas sobre la estrategia digital y sus principales habilidades: ¿Los equipos están preparados para manejar nuevas tecnologías? ¿Existe resistencia o una mentalidad abierta a la innovación? ¿Las herramientas favorecen la comunicación y el trabajo en equipo?

Sabemos que las empresas con equipos poco preparados enfrentan mayores dificultades en la adopción, generando costos adicionales en capacitación o incluso abandono de las herramientas adquiridas.

3. Procesos: La estructura organizativa y operativa

No basta con que los equipos estén preparados; los procesos deben facilitar la integración de nuevas tecnologías. En este cuadrante, nos concentramos en la flexibilidad y escalabilidad de los procesos actuales, si ya se están digitalizando tareas repetitivas o burocráticas para mejorar la productividad, y si existen planes para acompañar la transición digital en la organización con un plan de manejo del cambio.

Cuando los procesos son rígidos o están mal diseñados, la implementación tecnológica se convierte en una fuente de problemas en lugar de una solución.

4. Herramientas: usabilidad y alineación tecnológica

La última dimensión del análisis se centra en evaluar si las herramientas digitales disponibles cumplen con las necesidades reales del negocio y los equipos. Nos enfocamos en entender si la tecnología elegida responde a un problema concreto y, fundamentalmente, si esas herramientas conviven en un ecosistema digital coherente con procesos que las acompañen adecuadamente para alcanzar ciertos objetivos.

Conectar puntos para potenciar la acción

El Pulso de Mindset Digital no evalúa estos factores de forma aislada, sino como un sistema interdependiente. No se trata de un proceso largo o complejo, sino de una radiografía ágil que permite tomar decisiones informadas en poco tiempo a partir del reconocimiento de información clave para el desarrollo del negocio y así evitar o mitigar el impacto negativo en los siguientes escenarios: 

  • Si el negocio no tiene una estrategia clara, las herramientas se implementarán sin un propósito definido.
  • Si los equipos no están preparados, aunque haya una visión digital clara, la adopción será lenta y con resistencia.
  • Si los procesos son rígidos, la digitalización chocará con estructuras que no permiten su integración eficiente.
  • Si las herramientas no son adecuadas, la inversión en formación y procesos será en vano.

El diagnóstico permite visualizar estos vínculos y detectar los puntos de mejora en cada área para garantizar una transformación digital exitosa.

 

¿Qué empresas pueden beneficiarse de este diagnóstico?

Este pulso es clave para cualquier organización que busque mejorar su adopción tecnológica y optimizar su operación. Especialmente útil para:

  • Empresas en proceso de transformación digital, que quieren evitar fricciones en la adopción de nuevas herramientas.
  • Organizaciones con equipos híbridos o distribuidos, donde la comunicación y la eficiencia dependen de plataformas digitales.
  • Negocios que buscan automatizar procesos sin generar resistencia interna o caos organizacional.
  • Empresas con alta rotación o crecimiento acelerado, donde es clave que el onboarding digital sea efectivo.

En Argentina, sectores como el fintech han liderado la digitalización con modelos de negocio 100% digitales, mientras que industrias más tradicionales como el retail y la manufactura están acelerando la adopción de herramientas tecnológicas para mejorar la eficiencia operativa. Sin embargo, el éxito de estas iniciativas depende de cuán preparados están los equipos para incorporarlas en su día a día.

 

Diagnóstico tradicional vs. Pulso de Mindset Digital

En ABCOM somos expertos en diagnósticos de comunicación y cultura y, como nuestros clientes, sabemos que son fundamentales para evaluar el clima laboral, la alineación con la estrategia general de la empresa y la efectividad de los mensajes internos. Sin embargo, este tipo de estudio suele centrarse en la dinámica interna y no siempre considera la capacidad de la organización para integrar nuevas tecnologías y procesos digitales.

El Pulso de Mindset Digital complementa estos diagnósticos al enfocarse específicamente en la predisposición y capacidad de los equipos para adoptar herramientas digitales, garantizando que la transformación digital no solo se diseñe, sino que se implemente reduciendo al máximo el margen de error.

Las organizaciones que combinan ambos análisis tienen una visión 360° sobre su cultura y operación: mientras que el diagnóstico tradicional permite entender el estado actual de la cultura y la comunicación, el Pulso de Mindset Digital revela qué tan preparadas están para el futuro y qué pasos deben tomar para garantizar una adopción tecnológica efectiva.

Con encuestas, focus groups y análisis de datos concretos, construimos un perfil organizacional que permite clasificar a la empresa en un estadio de madurez digital y definir un plan de acción a medida.

 

De la evaluación a la acción

Muchas organizaciones en Argentina y la región ya han iniciado su camino hacia la digitalización, pero pocas lo han hecho con una visión integral que contemple todos los factores clave. El Pulso de Mindset Digital es una herramienta estratégica para entender el estado actual de la organización y definir un plan de acción realista y eficiente.

En ABCOM sabemos que las empresas necesitan respuestas ágiles y accionables. Por eso, ofrecemos un proceso de diagnóstico rápido, basado en datos concretos y metodologías probadas en más de 100 clientes de Argentina y la región, que permite tomar decisiones informadas y acelerar la transformación digital sin interrumpir la operación diaria.

Si tu organización quiere avanzar en su digitalización con un enfoque estratégico, el Pulso de Mindset Digital es el primer paso. 

Dentro de la gestión de la comunicación en las organizaciones, hablar de éxitos, fracasos, cambios y transformaciones es algo bastante trillado, pero no podemos negar que son elementos claves en la gestión de toda organización.
En este artículo, exploramos cómo las organizaciones pueden conectar de manera auténtica con los millennials, una generación marcada por el miedo al fracaso, pero también por su búsqueda constante de reconocimiento y espacios de confianza. El capítulo «Millennials y marca empleadora: desafíos frente a los miedos del fracaso» forma parte del libro «La Comunicación Interna en el Nuevo Contexto Organizacional», una obra que reúne estrategias innovadoras para transformar la relación entre empresas y colaboradores. Descargalo gratis y descubrí cómo impulsar tu marca empleadora con herramientas prácticas y casos reales.

 

Por Dr. Martín González Frigoli , Mg. Alejandra Brandolini y Lic. Yanina Barrientos.
Descargar libro completo

Siempre intentamos que el fracaso o los fallos en la implementación de nuestras estrategias, no sean vistas, o que pasen lo más desapercibidos posible, pero cuando ya no podemos ocultarlo, o los resultados nos sorprenden sin poder tener ningún tipo de margen, ¿Qué es lo que podemos hacer?

El fracaso y las frustraciones pueden darnos infinitas posibilidades de crecimiento, aunque no parezca o nos cueste visualizarlo. Desde hace un tiempo a esta parte, el concepto de “fracaso” ha cambiado la percepción de las personas, instalándose como una idea con la que podemos convivir.

“Parece chiste pero es anécdota”, dice el meme. Muchas veces no logramos, desde la gestión del cambio, ejecutar ciertas acciones que nos permitan virar el rumbo. Por años nos atormentamos frente al miedo del fracaso rotundo, del error imprevisto que se asomaba y hacía que todo nuestro plan temblara y nosotros entráramos en una crisis insospechada.

En la búsqueda de nuevas formas de trabajo, y sobre todo de motivaciones, de generar una marca empleadora fuerte, de sostener y fortalecer los liderazgos dentro de las organizaciones, fueron apareciendo algunas ideas sobre cómo enfrentar al fracaso sin morir en el intento.

El éxito se ha convertido en una pesadilla de zanahoria a la que hemos perseguido incansablemente. Nos ha desvelado pensar, crear, construir proyectos y aún más hemos trascendido los niveles de ansiedad intentando que nuestros planes sean perfectos, sin poder pensar en qué hacer si pasa algo. ¿Qué puede pasar si todo está pensado hasta el más mínimo detalle? Contingencias, eventualidades, cuestiones que se encuentran fuera de nuestros alcance.

La forma en que las organizaciones puedan enfrentar este tipo de situaciones, contratiempos, crisis o dificultades, y, además, salir airosas, se ha convertido en un punto clave para la planificación de la comunicación interna en las organizaciones. Como el dicho, “un error es un paso en falso, pero un fracaso es el resultado de un final no exitoso”, ¿Qué podemos interpretar de esto? La posibilidad de trabajar para sobrellevar las crisis, o los planes, o proyectos que no obtuvieron los resultados esperados, no sólo implica que debemos planificar un plan alterno al que podamos echar mano como si fuese un salvavidas milagroso. Aprender a convivir con la posibilidad del fracaso, de la frustración ante aquello que no sale cómo los esperamos, tiene que llevarnos a considerar generar estrategias, no sólo de cambio, sino estrategias que permitan transformar esa situación de crisis o de “no éxito” en un una posible solución o respuesta, no milagrosa, sino real que pueda sacarnos del aprieto.

Dejemos la magia para Disney y enfoquémonos en cómo avanzar en planes posibles, y soluciones reales que estén al alcance de la mano para sobrellevar eso a lo que tanto le tenemos miedo y que aparece cual fantasma. La forma en que comencemos a diseñar y desarrollar planes, estrategias, y proyectos comunicacionales para poder manejar desde las crisis hasta los contratiempos y contingencias cotidianas, marca la real diferencia entre las organizaciones que se quedan en el estancamiento y las que se suben al tren del crecimiento y la transformación.

Después de los ‘90, donde la tecnocracia y los yuppies colmaban las expectativas de logro absoluto, devino la crisis, el fin de los grandes relatos y nos sumimos en la catástrofe diaria de la supervivencia laboral. La masa productiva actual se encuentra conformada mayoritariamente por personas que pertenecen a la famosa generación de “millennials”. Jóvenes profesionales que deben enfrentar su día a día dentro de una realidad que no es la misma que la de los jóvenes exitosos de los ‘90. Hablamos de personas que fueron atravesadas por crisis económicas, sociales y políticas, crisis histórico/coyunturales de los países en los que nacieron y crisis de una sociedad posmoderna que licuó todos sus sueños de éxitos irrealizables.

El fracaso, la desilusión, y la frustración son elementos constitutivos de los millennials, se forjaron al calor de contenidos tecnologizados, de una impronta individualista noventosa, y de un estilo de época que tenía sabor a poco. Los millennials son una generación que ha enfrentado crisis, y lidian con la frustración existencial mientras cuestionan los mandatos sociales
con los que crecieron. Para ellos, la existencia se ha vuelto una especie de supervivencia del más apto, pero con la sensación de saberse en desventaja. Existen a su vez, un sin fin de caracterizaciones en las RRSS, de madres, padres e hijos que fueron fruto de los noventa y que hoy son quienes deben lidiar con una realidad, muchas veces, inverosímil.

Vivir, relacionarse, trabajar en un mundo hipermediatizado, donde son muchos los interlocutores, donde los relatos y las conversaciones se encuentran mediadas tecnológica y digitalmente, pensar en las prácticas, hábitos, roles, y funciones, se vuelve mucho más complejo. Pero más allá de este casi apocalíptico mundo en el que nos encontramos insertos, diseñar y generar estrategias comunicacionales debe llevarnos a un plano en el que podamos configurarnos y establecer una relación dual con “el otro”, porque en definitiva, una relación es una práctica social, es una relación de comunicación en la que es fundamental establecer un “otro”, aunque sea en una charla con uno mismo, donde es posible establecer nuevas formas de transformación.

Desafíos por captar la atención

 

Ningún camino es lineal en la vida, ninguna herramienta es una varita mágica, ni tampoco las soluciones posibles. Lo real, lo concreto es generar espacios, estrategias y planes de trabajo con la fortaleza posible de empezar de nuevo siempre que sea necesario.

Entonces, nos preguntamos, ¿Es posible comenzar a diseñar y desarrollar estrategias y proyectos que puedan
dar cuenta de una nueva perspectiva que esté centrada en el fracaso, en la frustración? puede ser. Pero, quizás, también podamos encontrar una nueva mirada, nuevos matices si avanzamos en considerar a la transformación como agente de cambio.

¿Nos quedamos o no en el fracaso, sin objetivos que nos lleven al éxito? o bien, es preferible pensar en nuevas formas de avanzar en nuestras organizaciones ideando estrategias que puedan ser realmente transformadoras. Gestionar desde la transformación, tampoco implica cambiar todo, todo el tiempo. La transformación puede ser un proceso lento, y
hasta imperceptible. Pensarnos desde la transformación implica contar con las posibilidades, que no siempre implican que debemos cambiar; sino, que tener una gimnasia intelectual y profesional que nos habilite nuevas formas de avanzar en los procesos de comunicación.

Entender la gestión de cambio, no ya como un borrón y cuenta nueva; sino, por el contrario pensarlo desde
una gestión que nos permita gestar nuevos inicios. En todo este contexto con estos elementos generacionales y coyunturales tenemos la ardua tarea de llevar nuestros equipos adelante con la premisa de concretar los objetivos pausibles de las organizaciones en las que nos encontramos trabajando.

Todos estos elementos a los que hemos hecho referencia no sólo son conceptos que unidos en una oración quedan bien en cualquier presentación; sino que son aspectos claves que debemos considerar al momento de pensar en estrategias que puedan dar cuenta de cambios o transformaciones dentro de las organizaciones. Para pensar la gestión, o desde la gestión de cambio,
ya no sólo alcanza con el diseño de estrategias globales o específicas, o con la utilización de plataformas digitales de última tecnología. Es aquí donde resulta fundamental considerar el diseño y desarrollo de estrategias que permitan contemplar a todos los públicos, y no sólo considerar “los públicos” comunicacionalmente hablando, sino centrar la mirada en este recorte generacional que son los millennials. Personas, jóvenes adultos, independientes, profesionales, que forman parte de nuestros equipos, y con los cuales debemos trabajar y producir día a día nuevas formas y modos de hacer.

Para esto se vuelve necesario coordinar y organizar estrategias que generen nuevas y mejores habilidades blandas y técnicas mediante la implementación de planes de acción, que utilicen como herramienta principal la marca empleadora. Como todos sabemos, el employer branding, es una herramienta eficaz para fortalecer, transformar o bien, simplemente, sostener algunos aspectos de la cultura organizacional o cuestiones afines que impacten y agreguen valor a los objetivos organizacionales.

Ahora podemos complejizar un poco más este escenario y avanzar en pensar cómo sería un plan de acción de marca empleadora que tenga como protagonistas a un grupo de millenials. Entonces en este punto nos podemos preguntar, ¿Qué hacemos ante este panorama? ¿Cómo podemos enfrentar la abulia o la apatía generacional que la sociedad enfrenta en estos
tiempos líquidos? ¿Cómo hacemos fuerte nuestra marca con estrategias que apunten a la transformación y el cambio sin caer en slogans o en falsas promesas? Son muchas las preguntas y los interrogantes que podemos hacernos frente a esto, pero debemos potencializar algunas cuestiones referentes a qué y cómo vamos a trabajar el employer branding. ¿Cuáles son esas cuestiones subyacentes y latentes que se encuentran solapadas a las que debemos apuntar? Los problemas ya todos sabemos cuáles son, o al menos podemos suponerlos. Aquello que no vemos, aquello no dicho es a lo que debemos apuntar. No siempre los problemas más notorios son “LOS” problemas, eso está claro; pero sí es necesario descubrir o indagar en esas percepciones menos nítidas, sensaciones, apreciaciones o representaciones que se encuentren en un plano más oculto. Dar cuenta de esto nos permitirá contar con una información que no sólo es valiosa por el hecho de ser en sí misma información, sino que es valiosa porque debemos saber qué poder hacer con ella.

Un plan de marca empleadora debe poder contener no sólo ideas ingeniosas, o propuestas atrayentes, sino
elementos claves que puedan atender a esas percepciones o sensaciones que se encuentran en ese plano subyacente. Si mi equipo se encuentra conformado por millenials que tienen gusto por la lectura, de nada me servirá una invitación al gimnasio. Es muy generalizador este ejemplo, pero es a ese punto al que queremos llegar. Cómo descubrir el talón de aquiles de estos jóvenes adultos, millennials que viven como si fueran los protagonistas de una sitcom en la que todo pareciera que sale mal.

Entonces es momento de sentarnos a pensar estrategias que realmente puedan dar cuenta de los pormenores que se cuelan por los escritorios, los pasillos y el office. Es momento de comenzar a trabajar en función de alcanzar un punto de encuentro en el que se sientan convocados pero sin hacerlos sentir que los vamos a asfixiar con demandas, aún si el convite es a hacer un picnic con las otras áreas de trabajo.

Algunas ideas para pensar la transformación

Un punto focal puede ser la transformación, pero ¿Qué es lo que debemos transformar? Los modos de hacer, usos y apropiaciones del trabajo y relaciones sociales pueden ser la respuesta. Es necesario, entonces, reflexionar en torno a las
prácticas cotidianas que se llevan adelante en la gestión de los procesos organizacionales, en cómo mejorarlos y optimizarlos, pero también en cómo gestionar el aumento y sostenimiento del compromiso.

De este modo, las estrategias no sólo deben apuntar a la efectividad o a la asertividad, sino a mejorar los vínculos interpersonales, generando una red de contención que permita que las personas puedan confiar y sentirse incluidas. Estos aspectos no son fáciles de conseguir, no es fácil que las personas puedan sentirse parte de algo sin que sea una obligación. Por lo tanto, la transformación tiene que estar relacionada en cómo pueden ser las prácticas que permitan que adultos, jóvenes profesionales puedan sentir que conforman la organización, que confíen en sus líderes y que puedan comprometerse con ella y con el resto de los colaboradores. El punto de la transformación está, entonces, en ver cómo indagar en sus percepciones, ideas y representaciones de cómo ven ellos el compromiso, la lealtad y la transparencia en su vínculo con la organización.

Debemos pensar no sólo en las estrategias de acompañamiento, de indagación o de cómo sistematizar la información, sino en qué vamos a ofrecerles desde las organizaciones. ¿Un curso de formación? ¿Un cupón para un café o una clase gratis en el gimnasio de moda? El ser y el pertenecer han cambiado mucho en estos tiempos. Es por esto que debemos enfrentarnos a idear nuevas formas en las que los planes de marca empleadora tengan un valor absolutamente suficiente para que esta franja generacional pueda sentirse parte.

Las tecnologías son, a las claras, un elemento muy importante en estas relaciones entre las personas y en los vínculos laborales. Son una gran herramienta para poder elaborar y desarrollar estrategias que nos permitan acceder a cierta información, como así también poder generar vínculos sociales. Sin perder de vista que deben estar en relación y en vinculación con una cultura
organizacional que promueva el cara a cara.

El gran desafío de la marca empleadora de estos tiempos es ¿qué podemos ofrecerles a estos jóvenes que pueda interpelarlos de forma genuina? Seguramente sean miles los interrogantes que puedan surgir, pero son pocas las respuestas.

La marca empleadora no sólo debe ser una herramienta estratégica que pueda valerse sólo de beneficios, sino que sea realmente una posibilidad de cambio y transformación. La marca empleadora debe poder traducirse en posibilidades para que este grupo etáreo pueda sentir que hay un futuro posible y que no todo termina en quejas y frustración. Que no sólo es la posibilidad de acumular cursos de formación, sino que pueda ser una posibilidad real de cambio profesional. La posibilidad de un salto cuántico que implica esfuerzo, por supuesto, pero que también es el reconocimiento y la valoración justa de sus talentos, condiciones y habilidades.

La marca empleadora puede utilizar mil estrategias, mil encuestas, o miles de posteos en las redes sociales, pero debemos focalizar firmemente en pensar cuáles son las potencialidades que pueden convertirse en posibilidades de cambio.

 

Conclusiones

En este contexto hipermediatizado tanto de nuestra vida cotidiana, de los espacios y tiempos de recreación como de los vínculos laborales, detenernos a pensar en las implicancias del impacto de las estrategias organizacionales es algo sumamente importante. La marca empleadora es una herramienta que puede permitirnos avanzar en la solidez de los aspectos culturales de nuestra organización, pero también puede representar un espacio de intercambio y desarrollo de nuestros colaboradores.

Poder dar con ese punto de encuentro nos permite avanzar en la construcción de un camino de posibilidades, tal como decíamos antes. Más arriba, muy arriba, hablamos del fracaso y del miedo a fracasar, de las posibilidades que se nos abren ante el error y de todos los aprendizajes que de allí podemos obtener. Estamos en la era de la liquidez, de la liviandad, que todo pareciera no dejar huella o que todos los procesos son similares. Pero no es tan así, es posible trazar un compromiso real y establecer nuevas formas y modos de hacer para la transformación.

Las voces del cambio nos llaman y pareciera que todo debe ser reversionable, que todo deber ser moderno o aesthetic, que todo debe estar en las RRSS. Pero en la vida real pasan otras cosas; y es allí dónde debemos generar espacios de contención, de escucha atenta, de reflexión en torno a nuestras prácticas, de cómo transformar las debilidades en potencialidades, en cómo las posibilidades puedan ser reales y no un reel de Instagram. La transformación debe ser un camino seguro, no sabemos si al éxito, pero sí a las posibilidades de cambio, a las posibilidades de gestionar los procesos organizacionales sin miedo al éxito, ni tampoco al fracaso….

¿Por qué tantas personas siguen sintiéndose desconectadas o al límite del burnout si las empresas integran cada vez más herramientas tecnológicas? La respuesta no está en el software ni en la infraestructura, sino en diseñar una estrategia de manejo del cambio que permita integrar estas tecnologías de manera efectiva: se necesita una cultura que impulse y sostenga el vínculo con las tecnologías.
En este artículo, exploraremos cómo un adecuado manejo del cambio puede transformar la tecnología en un verdadero facilitador de la experiencia laboral. Además, brindaremos claves prácticas para afrontar estos procesos y construir equipos más conectados, motivados y ágiles.

Por Marcela Boragina

Coordinadora ENGAGEME @ ABCOM
Storytelling & Content Strategist | Organizational Change Management
Profesora Universitaria (UNLP, UNLZ)

Tecnología sin soporte cultural: un mal recurrente

Aunque el 74% de las empresas afirma que la tecnología digital mejora la satisfacción de los empleados (Deloitte, 2023), este efecto suele ser breve si no hay una cultura organizacional sólida que lo respalde. La falta de manejo del cambio en estos procesos convierte a las herramientas en una carga más que en un recurso útil. ¿El resultado? Equipos que utilizan las tecnologías sin entender cómo contribuyen a su propósito dentro de la organización.

En muchos casos, la implementación de tecnología no genera un impacto real en el bienestar ni en la eficiencia de los equipos, más allá de los «resultados de negocio». Esto ocurre porque, sin una estrategia clara de manejo del cambio, las herramientas se implementan más por obligación que por compromiso. Este enfoque deriva en una falta de awareness o conciencia sobre el valor de la participación activa de cada una de las personas en el uso de tecnologías, así como en una ausencia de mindset digital que conecte las herramientas con el crecimiento personal y organizacional.

Es aquí donde el manejo del cambio centrado en la cultura se vuelve imprescindible. La transformación real empieza cuando cada persona comprende no solo cómo usar las herramientas, sino cómo estas mejoran su experiencia laboral y contribuyen a sus metas profesionales. Una cultura digital sólida, respaldada por un efectivo manejo del cambio, promueve la innovación, refuerza la colaboración y convierte a la tecnología en un facilitador, no en un obstáculo.

5 claves para un presente más simple y un futuro más ágil

Desde ENGAGEME trabajamos para que las herramientas tecnológicas sean más que funcionales: se conviertan en ventajas competitivas sostenibles para los equipos. Nuestro enfoque de manejo del cambio no se limita a entrenar en tecnología, sino al diseño de estrategias que acompañen a cada organización a la transición desde la cultura organizacional, asegurando resultados tangibles.

 

A continuación, presentamos cinco claves fundamentales para trabajar adopciones de tecnología ágiles y comprometidas:

  1. Generar conciencia del cambio

    El primer paso en toda estrategia de manejo del cambio es desarrollar una comprensión clara del impacto de la tecnología en la experiencia laboral. Las personas necesitan entender no solo el «cómo» y el «qué» de las herramientas, sino también el «por qué», destacando el valor de su rol en el éxito colectivo.

  2. Impulsar el deseo y la necesidad de cambio

    El manejo del cambio debe enfocarse en transformar la percepción de la tecnología de una carga a una ventaja. Esto se logra al demostrar cómo estas herramientas simplifican tareas y mejoran la vida profesional de los equipos.

  3. Facilitar el conocimiento sobre cómo cambiar

    Las capacitaciones efectivas en el marco del manejo del cambio van más allá de lo técnico, mostrando cómo cada herramienta impacta en los objetivos personales y colectivos. Este enfoque promueve un aprendizaje significativo alineado con las metas del equipo.

  4. Desarrollar habilidades con práctica real

    Crear espacios seguros para probar las herramientas tecnológicas es un pilar fundamental del manejo del cambio. Las simulaciones y sesiones de testeo permiten a los equipos ganar confianza y reducir la resistencia a nuevas implementaciones.

  5. Sostener y reforzar el cambio

    El manejo del cambio no es un evento puntual, sino un proceso continuo. Reuniones de feedback, reconocimiento de logros y ajustes constantes son esenciales para consolidar las nuevas prácticas y garantizar que las tecnologías sean adoptadas de manera sostenible.

agosto 14, 2024

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Por: abcom

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Tags: Comunicación Interna, IA, Inteligencia Artificial, Mindset

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Categorías: Blog, Cambio Cultural

En un mundo empresarial cada vez más digital, la inteligencia artificial (IA) se ha convertido en un pilar fundamental para mejorar la eficiencia y la innovación dentro de las organizaciones. Sin embargo, la implementación exitosa de Herramientas de Inteligencia Artificial en Comunicación Interna no depende exclusivamente de la tecnología; se basa en un mindset cultural que fomente la aceptación y el uso de estas herramientas. En este artículo, exploraremos la conexión vital entre la cultura organizacional y la comunicación interna, y cómo un mindset cultural adecuado puede facilitar la adopción de herramientas de IA.

Por Martín González Frígoli

PHD/Dr en Comunicación
Socio & Consulting Manager en ABCOM
Especialista en Comunicación y Cultura Organizacional
Profesor Universitario (UNLP, UES21, UNLZ, UNC, PUC)
Speaker

El Rol del Mindset Cultural en la Adopción de IA

Para que las herramientas de IA sean efectivas, es necesario que las organizaciones desarrollen un entorno cultural que apoye su adopción. Este mindset cultural no solo implica la disposición a aprender nuevas tecnologías, sino también la capacidad de cuestionar y replantear las prácticas tradicionales, integrando la IA de manera que complemente y enriquezca el trabajo humano.

¿Por Qué es Crucial un Mindset Cultural para la Adopción de IA?

1. Cambio de Paradigma: La introducción de la IA en las empresas no es simplemente una actualización tecnológica; es un cambio profundo en la forma de operar y tomar decisiones. Este cambio requiere que los colaboradores adopten nuevas formas de pensar sobre sus roles, responsabilidades y el valor que aportan. Es crucial que las organizaciones comuniquen claramente cómo estas herramientas pueden complementar el trabajo humano en lugar de reemplazarlo. Esta comunicación abierta y honesta es esencial para minimizar la resistencia al cambio y fomentar una actitud proactiva hacia la adopción de nuevas tecnologías.

2. Capacitación y Desarrollo: El éxito de la IA en la empresa no solo depende de su implementación técnica, sino también de la capacidad de los empleados para utilizarla de manera efectiva. Para facilitar la transición hacia la inteligencia artificial, es fundamental invertir en programas de capacitación que enseñen tanto el uso de las herramientas como la importancia de adoptar una mentalidad abierta al cambio. La formación continua es clave para ayudar a los empleados a sentirse cómodos y competentes con la tecnología, lo que a su vez impulsa la eficiencia y la productividad.

Herramientas de Inteligencia Artificial para Potenciar la Comunicación Interna

La IA ofrece diversas soluciones que transforman cómo las organizaciones se comunican internamente, optimizando procesos y mejorando la interacción entre los empleados. Algunas de las herramientas más efectivas incluyen:

  • Chatbots Inteligentes: Los chatbots, como IBM Watson Assistant y Microsoft Bot Framework, resuelven preguntas frecuentes en tiempo real, proporcionando una comunicación rápida y eficiente que libera tiempo para tareas más complejas.
  • Plataformas de Comunicación Interna Potenciadas por IA: Herramientas como Slack y Microsoft Teams incorporan inteligencia artificial para optimizar la gestión de mensajes y tareas, facilitando una comunicación más fluida y estructurada.
  • Análisis de Sentimiento: Utilizar plataformas como MonkeyLearn o Lexalytics permite a las empresas entender el sentimiento dentro de sus comunicaciones, lo que ayuda a anticipar y resolver problemas antes de que se conviertan en crisis.
  • Asistentes Virtuales: Herramientas como Zoom AI y Otter.ai mejoran la productividad al gestionar tareas como la transcripción de reuniones y la organización de agendas, permitiendo que los equipos se enfoquen en actividades estratégicas.

Conclusión: Un Mindset Cultural para Maximizar el Potencial de la IA

Adoptar herramientas de inteligencia artificial en la comunicación interna no solo mejora la eficiencia operativa; también fortalece el compromiso y la satisfacción de los empleados, quienes se sienten empoderados por la tecnología. Para que estas herramientas sean verdaderamente efectivas, es esencial que las organizaciones cultiven un mindset cultural que apoye tanto la adopción tecnológica como la innovación continua.

Cultivar un entorno donde se celebre el cambio y se promueva la colaboración entre la tecnología y las personas es fundamental para maximizar las ventajas de la inteligencia artificial en la gestión de la comunicación interna. ¡Transformá tu organización al invertir en su cultura!

 

¿Cómo implementar herramientas de IA en tu empresa?
Si querés saber más sobre cómo implementar herramientas de IA en tu organización y desarrollar un mindset cultural adecuado, no dudes en contactarte con el equipo de ABCOM para recibir un asesoramiento personalizado….

octubre 31, 2023

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Por: abcom

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Tags: adquisiciones, cultura, fusiones

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Categorías: Blog, Cambio Cultural

Las fusiones y adquisiciones son estrategias empresariales comunes utilizadas para el crecimiento y la expansión de las organizaciones. Sin embargo, un hecho que no debe pasarse por alto es que cerca del 50% de las fusiones no logran los resultados esperados debido a problemas organizacionales, como las diferencias culturales y los cambios en los modelos operativos (Fuente: McKinsey). 

La falta de una integración cultural efectiva puede tener un impacto devastador en la motivación de las personas, la productividad y, en última instancia, el éxito de la fusión. En este artículo, exploraremos cómo lograr una cultura integrada durante una fusión o adquisición y cómo la comunicación interna desempeña un papel fundamental en este proceso.

 

La importancia de la integración cultural:

La cultura de una organización es el conjunto de valores, creencias y comportamientos compartidos que definen cómo funcionan las cosas en esa empresa. Durante una fusión o adquisición, es común que dos culturas organizacionales diferentes choquen, lo que puede llevar a conflictos internos y a la pérdida de talento clave. Por lo tanto, la integración cultural es esencial para garantizar que las dos organizaciones se fusionen de manera armoniosa y que las personas de ambas compañías trabajen juntas de manera efectiva.

 

Los primeros 5 pasos para una Integración cultural exitosa:

  1. Diagnóstico de la Cultura:

El primer paso es comprender las culturas de ambas empresas involucradas. Esto se logra mediante un Diagnóstico de la Cultura, a través de la implementación estratégica de encuestas, entrevistas, focus groups con el objetivo de identificar similitudes y diferencias culturales clave. Este diagnóstico proporciona información valiosa sobre la cultura de ambas organizaciones, lo que permite a los líderes anticipar desafíos y oportunidades para la integración.

  1. Definición de la Cultura Deseada:

Una vez que se comprenden las culturas existentes, es fundamental definir la cultura necesaria para la organización fusionada. Esto implica identificar los valores y las prácticas culturales que se deben mantener, adaptar o cambiar para lograr los objetivos estratégicos. La definición de una cultura deseada proporciona una visión clara de lo que se espera lograr.

  1. Comunicación de la nueva cultura:

La comunicación efectiva es un pilar fundamental en la integración cultural. Los líderes deben comunicar la visión cultural a todas las personas, explicando cómo la cultura impactará la organización y cómo se alinea con los objetivos de la fusión. Fomentar la aceptación y la comprensión de la nueva cultura es esencial para involucrar a las personas en el proceso de cambio.

  1. Cambio cultural en acción:

La integración cultural no se trata solo de palabras, sino de acciones concretas. En este paso, se deben alinear políticas, procesos y sistemas con la nueva cultura deseada. Esto incluye ajustar las políticas de recursos humanos, sistemas de recompensas y reconocimiento, y procedimientos operativos para que reflejen la cultura fusionada. Este es un paso crítico para garantizar que la cultura sea más que un ideal, sino una realidad en la organización.

  1. Medición y Mejora Continua:

Por último, se deben establecer métricas para medir el progreso y realizar un seguimiento constante para asegurarse de que la cultura evolucione de acuerdo con los objetivos. La cultura no es estática, y es esencial ajustar la estrategia cultural según sea necesario para mantener la alineación con los cambios en el negocio y las necesidades cambiantes de las personas.

Ahora esto no es todo, porque el cambio cultural no se logra de un día para el otro, es necesario seguir fortaleciendo y promoviendo la cultura. Estos pasos no representan el fin del proceso, sino más bien el comienzo. 

 

Entonces, ¿Cómo seguir fortaleciendo la cultura para lograr un mayor engagement luego de una fusión? 

Fusiones y adquisiciones

Una vez que se han establecido los cimientos culturales, la labor de consolidar y fortalecer esta cultura unificada recae en estrategias adicionales. Un elemento crucial para mantener el impulso y la cohesión cultural es la implementación de una Red de Embajadores Internos. Estos embajadores son personas que se convierten en portavoces de sus experiencias y de sus trabajos dentro de la compañía. Actúan como defensores de la cultura y ayudan a facilitar la transición.

Al combinar los primeros pasos con la presencia de embajadores internos, se crea una sinergia poderosa que asegura una integración cultural exitosa a largo plazo.

 

Ventajas de una Red de Embajadores y Embajadoras Internas en un proceso de fusión:

Credibilidad: Las personas embajadoras son vistas como referentes de confianza, lo que aumenta la credibilidad de los mensajes de la empresa.

Engagement: Las personas se sienten más comprometidas cuando tienen colegas que los guían y apoyan durante la fusión.

Mejora de la Comunicación: La retroalimentación de la Red ayuda a mejorar la comunicación y a abordar problemas rápidamente.

Cultura potenciada: Esta Red puede ayudar a potenciar la cultura de la empresa y garantizar que se mantengan los valores clave.

 

Una vez establecida una Red de Embajadores y Embajadoras Internas como un componente fundamental para la gestión de la cultura durante una fusión, es esencial respaldar esta iniciativa con acciones concretas que refuercen la integración y el compromiso de las personas para lograr una transición fluida y exitosa.

 

Acciones que sirven para fortalecer la cultura:

  • Capacitación y Orientación: Ofrece programas de capacitación y orientación para ayudar a los nuevos colaboradores a comprender la cultura y los nuevos procesos de la empresa.
  • Fomentar la Integración: Organiza actividades que fomenten la interacción entre las personas de ambas empresas, como eventos sociales, equipos mixtos de trabajo, etc.
  • Feedback y Medición: Recopila retroalimentación de las personas para evaluar la efectividad de la comunicación y ajusta el plan según sea necesario.
  • Cuidado de la Cultura: Trabaja en la construcción de una cultura unificada que refleje los valores y objetivos de ambas empresas.
  • Reconocimiento y Celebración: Reconoce los logros e hitos alcanzados durante la transición para motivar a las personas de tu equipo.

 

Estas acciones se complementan con la labor de los embajadores internos y contribuyen a la construcción de una cultura sólida y unificada que refleja los valores y objetivos de ambas empresas, garantizando así un proceso de fusión exitoso y duradero.

En conclusión, las fusiones y adquisiciones son procesos complejos que van más allá de la integración de activos y operaciones. Una integración cultural efectiva requiere un enfoque deliberado, liderazgo sólido y una comunicación interna efectiva.  No se trata de un proceso fácil, pero con el enfoque correcto y las herramientas adecuadas, podrás lograr una cultura integrada que sea un activo valioso para tu organización en el futuro.

En ABCOM, contamos con más de 20 años de experiencia acompañando a diferentes empresas en su proceso de transformación cultural.

Podemos acompañarte a lograr el cambio que tu empresa necesita. 

enero 25, 2022

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Por: abcom

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Tags: agile, Comunicación, Metodologías Agile

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Categorías: Blog, Cambio Cultural

Metodologías agile: algunas definiciones

2001 fue uno de esos años en que pasaron un montón de cosas en la lista de lo inolvidable. Para los apasionados en la cultura de las organizaciones. Por ejemplo, el 12 de febrero se reunieron en Utah, Estados Unidos, 17 críticos de los modelos basados en procesos con el objetivo de analizar técnicas y procesos alternativos para desarrollar software. Habían sido convocados por el ingeniero de software Kent Beck, autor de Extreme Programming Explained.

De esa reunión surgió el muy citado Manifiesto Ágil, una serie de principios en los que basaron su nueva metodología. Esto decía el manifiesto:

“Estamos descubriendo mejores maneras para el desarrollo de software, haciéndolo y ayudando a otros a que lo hagan. Mediante este trabajo hemos llegado a valorar:

  • Individuos e interacciones sobre procesos y herramientas.
  • Software funcionando sobre documentación extensiva.
  • Colaboración con cliente sobre negociación contractual.
  • Responder ante el cambio cambio sobre seguir un plan.

 Esto es, mientras hay valor en las variables de la derecha, valoramos aún más las de la izquierda”.

Con estos postulados en mente y en un contexto de digitalización acelerada por la pandemia. Las empresas de hoy en día buscan construir equipos ágiles a través de la aplicación de diferentes metodologías.

Acá algunos conceptos 👇.

Scrum: marco de trabajo liviano que ayuda a las personas, equipos y organizaciones a generar valor. A través de soluciones adaptativas para problemas complejos. Según el Reporte State of Agile 2021, este fue el marco de trabajo más utilizado ese año, con un 66% por sobre otros marcos.

Kanban: método para definir, gestionar y mejorar servicios que entregan trabajo del conocimiento. Como las actividades en las que interviene la creatividad y el diseño.

Scaled Agile Framework (SaFe): base de conocimientos, principios, prácticas y competencias probados e integrados para lograr agilidad empresarial mediante lean, agile y devops.

Large Scale Scrum (LeSS): Scrum aplicado a varios equipos que trabajan en un mismo producto. Busca descubrir cómo aplicar los principios, propósito y los elementos de Scrum en un contexto de gran escala de la manera más sencilla posible.

Scrum @ Scale: método que permite escalar de manera orgánica con redes de equipos con burocracia mínima viable (MVB, por sus siglas en inglés), reduciendo la necesidad de gestión y latencia en la toma de decisiones.

Seguí aprendiendo

Aprende más, considera los cambios en tu empresa u organización. No es mágico. Ni inmediato. Ni gratis. Tampoco es fácil de conseguir, ¿para qué nos vamos a engañar?
Pero se puede, 5 claves para que el cambio cultural pueda suceder.

 …

junio 10, 2020

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Por: abcom

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Categorías: Cambio Cultural, Gestión de la comunicación

Momento de regreso: ¿Cómo se adaptan las oficinas a los protocolos de seguridad y sanidad?

Muchos son los interrogantes que surgen en torno al regreso a la oficina: ¿Cómo volver a ocupar los espacios de trabajo de manera segura? ¿cómo las compañías pueden garantizar espacios libres de contagio? Te contamos qué medidas y protocolos implementan las empresas para adaptar estos espacios a la nueva realidad. 

Entre las posibilidades que se están considerando, se pueden mencionar los cambios respecto a lo arquitectónico de los espacios y oficinas, y también la incorporación de tecnologías de avanzada, como cámaras termográficas o sensores de temperatura corporal. Por otro lado, las empresas ya están trabajando en políticas de retorno y protocolos de higiene y comportamiento, para que los colaboradores cumplan a la hora de su regreso.

Modificación de espacios comunes

Respecto de las modificaciones en los layout de las oficinas y los espacios comunes, los mismos buscan cumplir con la distancia social ofreciendo mayor espacio entre las personas. Además, en muchos casos, se instalan acrílicos para separar los puestos de trabajo y se utilizarán los espacios al aire libre como lugar de encuentro y reuniones. 

En lo que respecta a las oficinas, aquellos espacios que antes se utilizaban para tareas específicas como las salas de reuniones, se están configurando como nuevos puestos de trabajo y sin duda, los colaboradores deberán contar con escritorios y áreas más espaciosas y con mayor corriente de aire. 

El recurso de la señalética visual, permite organizar el flujo de movimiento en pasillos y espacios comunes, con flechas indicativas de sentidos de circulación y con delimitaciones que contribuyen al distanciamiento social. Además de indicar el máximo de ocupación permitida en las salas de reuniones y encuentro. 

En esta vuelta escalonada, algunas empresas optan por implementar horarios de ingreso y egreso diferenciados, otras por turnos, lo que sí es seguro que el home office se incorporará como una práctica habitual de la cultura corporativa. 

Otras incorporaciones a insumos como barbijos, jabón y alcohol en gel a la rutina de los colaboradores, son los protocolos de higiene de los espacios y de cuidados personales. Es indispensable asegurar que los espacios cumplan con la limpieza y desinfección requerida para evitar la contaminación de superficies en áreas compartidas, llevando un registro riguroso de la higiene de cada sector.

Pero, no solo es necesario proveer los insumos sino comunicar más que nunca las nuevas reglas de convivencia, circulación y desinfección.Regreso a la oficina

Podemos decir, que la pandemia no sólo ha transformado las formas de trabajar, sino que también, ha dejado varias enseñanzas al mundo corporativo. Este contexto, pone a prueba a las organizaciones en cuanto a su capacidad de adaptación, no solamente a nivel tecnológico, sino en cuanto a aplicar dinámicas de trabajo y relacionamiento virtual. 

En este sentido, la organización se debe preparar culturalmente para mantener motivados y conectados a sus empleados a la distancia. La transformación digital es, antes que nada y sobre todo, cultural.

Y, respecto a esto, los líderes tienen ahora una oportunidad sin precedentes de construir una organización resiliente y ágil, para navegar los tiempos inciertos que se puedan presentar en el futuro. Es momento para ellos de intensificar su creatividad y esfuerzos para cuidar y motivar a los colaboradores en este camino de transformación. 

No te pierdas nuestro próximo podcast con expertos en Facility Management que nos contarán cómo se están adaptando las oficinas en Argentina. 

Aprende el nuevo esquema (casa + oficina) que implemento Medifé #ModoMix. nos invita a repensar y potenciar la forma en la que trabajamos para aportar nuevos beneficios.