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Empezar con más preguntas que respuestas puede ser frustrante cuando se trata de planificar el trabajo del año en comunicación interna (CI). Por lo general, muchos de los planes de CI que pueden verse dando vueltas por el mundo corporativo terminan agotándose en una buena cantidad de acciones calendarizadas. A veces con precisión quirúrgica, y otras con una gran dosis de buenas intenciones.

El dilema está entonces en pensar y comprender cuándo el plan de CI se transforma realmente en una herramienta estratégica de gestión que contribuye al negocio desde la mejora de la productividad, el engagement de los colaboradores, y la viralización de los patrones culturales deseados.

En los últimos años la Comunicación interna está puesta en discusión por todas las áreas organizacionales. Están los que la defienden a capa y espada, los que no encuentran valor agregado en la función, y aquellos que la reconocen como un simple conjunto de tácticas que acompañan el ritmo de los tiempos actuales, donde está bien visto brindar toda la información posible a los colaboradores. En un escenario así, resulta imprescindible devolver a la CI el lugar estratégico con el que fue concebida.

Sin duda, el primero de los problemas con los que se enfrenta la planificación de la comunicación interna está en la ausencia de objetivos claros, cuando no en la ausencia de ellos (al menos explícitamente declarados en el plan). De este modo, los responsables de comunicación se encuentran solos frente a un conjunto de acciones inconexas; esas a las que en la jerga se les llaman acciones cosméticas.

Por regla general, ningún plan puede ser estratégico si no tiene objetivos claramente definidos con su correspondiente instancia de medición y tracking. Definir los 3 o 4 objetivos clave del año es el punto inaugural de un Plan Estratégico de Comunicación Interna. El identificarlos correctamente dependerá de un trabajo arduo que contemple la identificación de los objetivos del negocio, los objetivos clave de cada una de las áreas de la organización, y las necesidades de comunicación que manifiesten los colaboradores.

Salirse del plano táctico para entrar en un posicionamiento estratégico cuesta trabajo. Estamos más familiarizados con el pensamiento a corto plazo que con el proyectar escenarios a futuro. Por esto es imprescindible contar con la visión del negocio a los próximos 5 o 10 años, lo que nos permitirá corrernos por unas horas de la inmediatez, y pensar la estrategia central del plan. Una vez definida, podemos pasar al siguiente paso, que es en realidad el segundo de los ausentes más comunes en la planificación de CI: los mensajes clave.

Así como deberíamos evitar hablar cuando no sabemos qué vamos a decir, tendríamos que hacer lo mismo antes de diseñar y presentar nuestro plan. En otras palabras, si queremos que nuestro Plan de CI no sea visto como un conjunto de acciones cosméticas, y altamente prescindibles frente a cualquier crisis, necesitamos mostrar el componente estratégico del plan. Y en este punto entran los mensajes clave, desde su definición hasta su vinculación explícita con cada una de las acciones propuestas.

Conociendo los mensajes clave definidos por la Alta Dirección, debemos preguntarnos ¿Cómo cascadeamos estos mensajes en las acciones del año?¿Contamos con los canales correctos para hacer llegar estos mensajes a los equipos?¿Cómo opera cada mensaje en las herramientas y campañas de comunicación de las que disponemos? Y otras tantas preguntas que le darán coherencia estratégica a nuestro plan.

Ahora sí, llega el momento de calendarizar las acciones, definir los responsables de directos e indirectos de cada proyecto, pero esta vez sabiendo a ciencia cierta los objetivos que debemos alcanzar, la estrategia para alcanzarlos, y los mensajes clave que deberemos vehiculizar durante la ejecución.

El último paso, y no por eso menos importante, es el tema de establecer el presupuesto por proyecto. Si la estrategia trazada para nuestro Plan es sólida, la inversión que se realizará sobre cada acción debería permitirnos ajustar eficientemente las tácticas o medios para llegar a las metas propuestas, con un coeficiente de relación inversión/beneficio alto.

En concreto, lo que diferencia un Plan Táctico de CI de un Plan Estratégico de Comunicación Interna es la posibilidad de medir concretamente el retorno simbólico sobre la inversión, y mucho mejor, el impacto sobre la productividad y los resultados del negocio….

Cuando hablamos de creatividad y límites, en principio los consideramos como un binomio de opuestos. Una de las frases más célebres al respecto es “think outside the box”.  Pero cuando los límites de esa caja no son claros, es imposible “cranear” de una manera innovadora, ya que no se tiene presente que es “lo que está bien” y que es “lo que está mal”. Es ahí cuando nos encontramos con feedbacks del tipo “no es lo que tenía en mente”, y deviene la frustración de ambas partes.

Es por eso que el brief debería ser considerado como el mejor aliado para empezar cualquier campaña. Si bien es un proceso que en un principio puede resultar aburrido y hasta a veces innecesario, la falta de un buen brief conlleva a la creación de campañas sin pies ni cabeza.

Si no tenemos en claro cuál es el objetivo principal de la campaña, cómo es el público al que nos dirigimos y cuál es la sensibilidad del momento de la compañía y del mensaje que queremos comunicar la campaña puede resultar en una catástrofe o, al menos, en una mala inversión. Estos son los puntos básicos de partida. Sin estos primeros pasos, el camino para conseguir los objetivos deseados resulta imposible, y es cuando la única herramienta alternativa es el de la bola de cristal y una serie de trabajos basados en la prueba-error. Y como mencionaba antes, el proceso termina siendo desgastante para todos los involucrados en la campaña.

En el imaginario colectivo, el rol de creativo de una agencia o consultora es el de una especie de artista bohemio, que piensa ideas o diseña campañas de manera caprichosa. Si bien hay mucho de intuición y de subjetividad en la creación de nuevos conceptos, cada una de las decisiones que toma el equipo creativo son fundamentadas, por ejemplo, no se usa el mismo tono comunicacional, paleta cromática y estilo estético para alguien que pertenece a la Generación Baby Boomers, como para un público de la Generación Y.

La próxima vez que inicies tu campaña, practicá la comunicación segura, usá brief. Todos los involucrados se beneficiarán de esta práctica. Porque si “cuentas claras conservan amistades”, “reglas concretas”, garantizan mejores resultados.

Una vez que lo internalices como una actividad más, dentro de las que ya realizás, no vas a concebir otra manera de dar el primer paso.

CONTACTO ABCOM

enero 29, 2015

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Por: abcom

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Tags: Comunicación Interna, cultura organizacional

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Categorías: Marca empleadora

¿Es necesario que el Grupo que aglutina a las marcas tenga una identidad propia? Varios clientes nos hacen esta pregunta. En algunas ocasiones, se convierte en una decisión deliberada de los grupos empresarios el hecho de que una marca sea mucho más fuerte que el Grupo al cual pertenece. Sin embargo, en el contexto actual, las lógicas, políticas, y prioridades de los negocios pueden cambiar vertiginosamente y modificar esa decisión.

Por eso resulta difícil entenderlo para muchos, pero más allá de estos claros lineamientos de negocio, es necesario que todos los integrantes de la empresa compartan una identidad común.

Hacia una Identidad compartida

Unilever, Procter & Gamble, son multinacionales líderes con marcas que pisan muy fuerte. Los consumidores hasta pueden confundir si Pampers y Gillete, pertenecen a una empresa u otra.

Sin embargo, estos gigantes son empresas con identidad propia reflejada en valores como la innovación, el liderazgo y la integridad, que persiguen todas sus marcas. Los años de trayectoria suelen explicar el éxito de los grandes. A este fenómeno van sumándose nuevas empresas como el Grupo Alsea, con sus pesos pesados Starbucks, Burger King y P.F. Chang’s, que contando con marcas super-poderosas y protagonistas, están enmarcadas bajo un mismo paraguas cultural que termina configurando una identidad compartida, que puede verse representada  en valores concretos y transversales a todas las unidades de negocio.

Lo que buscan los colaboradores

Nuestros años de experiencia realizando diagnósticos de comunicación y cultura organizacional, nos indican que los colaboradores sienten la necesidad de pertenecer al Grupo para el que trabajan, más allá de las marcas para las que operan. En otras palabras, quieren entender el negocio en su totalidad. Por supuesto que se concentran en su función específica dentro de la marca, pero al mismo tiempo están ansiosos por conocer la razón de ser de las otras líneas de negocio de la empresa.

Ante la preocupación del management por la pérdida de identidad de la marca o del grupo, nuestra respuesta es que deben respetarse los patrones culturales de cada unidad de negocio, los públicos específicos y sus objetivos, pero es necesario buscar un hilo conductor común que unifique a los colaboradores y los haga sentir parte de la misma organización.

Consejos para integrar

  • Identificar claramente los valores que representan a cada marca y analizar cuáles son compartidos por todas.
  • Compartir buenas prácticas de las marcas, a través de una comunicación fluida entre las líneas de negocio.
  • Los líderes de la organización deben ser los motivadores que se comprometan con la integración y cascadeen el mensaje al resto de los colaboradores.
  • Debe procurarse contar con beneficios compartidos para los todos los colaboradores de la empresa, que no refuercen diferencias entre marcas.
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Llega fin de año y es una gran oportunidad para decirle gracias a todos los que nos aportaron su tiempo, su energía y su talento para llegar hasta acá.

En tiempos en que la gestión de la felicidad cobra cada vez más sentido, el simple acto de agradecer a nuestros colaboradores se transforma en uno de los gestos institucionales más nobles. No se trata de organizar el gran evento de fin de año, ni de armar una súper-mega producción. Sólo se necesita decir “gracias”.

¿Cuándo fue la última vez que te acercaste hasta el puesto de tu compañero o colaborador, para decirle cara a cara lo mucho que te ayudó a cumplir con el proyecto que te habían encomendado? ¿Hace cuánto que no le decís a esa persona que hace tu trabajo más simple lo  importante que es para tu función en la empresa?

Sí hacés memoria, seguramente pasó mucho tiempo de esto. Claro, sin dudas podés decir que todos tus emails, o tus conversaciones terminan con un “gracias”. Pero seamos honesto, la mayor parte del tiempo, ese agradecimiento no es más que un protocolo de formalidad.  El desafío entonces está en lograr que el “gracias” tome una nueva dimensión.

Algunas de las mejores prácticas que pude observar en distintas compañías son muy simples, y prácticamente no tienen costo. Les dejo algunas de las más interesantes.

1 – Photothanks: es tan simple como tomar una hoja y escribir gracias. Con la hoja en la mano cada colaborador se saca una foto y luego se la envía por correo electrónico a aquellas personas que realmente aportaron valor a su trabajo. Bien sencillo y sin costo. Además, suma el hecho de poder verse la cara cuando se trabaja con dispersión geográfica.

2 – El muro de los agradecimientos: se coloca una gran pizarra o tira de papel sobre una pared de la compañía en espacios de circulación común. Cada colaborador puede dejar su agradecimiento escrito nombrando a las personas o equipos con quienes trabajó intensamente durante el año, personalizando el mensaje.

3 – Tarjetas Felices: mandás a hacer una plancha de tarjetas de 9×6 cm. cada una, con caritas felices tipo emoticons, y dejás un espacio destinado libre para poner “De” y “Para” con alguna frase de agradecimiento corta. Cada colaborador recibe hasta 10 tarjetas que puede regalar a las personas con las que compartió distintos proyectos en el año. Además, la acción propone moverse de un escritorio o puesto hacia otro para entregar en mano la tarjeta.

Y como estas actividades hay miles. Lo importante es aprovechar el momento del año, y poder darle un “gracias” sincero y distinto a toda esa gente que compartió tu esfuerzo y dedicación.

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La primera edición de este espacio de diálogo y debate cerró con mucha expectativa para continuar generando vínculos y conversaciones entre empresas, instituciones públicas y privadas, profesionales y medios de comunicación.

Esta iniciativa surgió a principios de año con el objetivo de informar, alentar e impulsar iniciativas de sostenibilidad en el ámbito empresarial. Una actividad que llevamos adelante en forma conjunta AB Comunicaciones e Innovar Comunicación Sustentable.

Como espacio de encuentro, no queríamos duplicar esfuerzos y por ello buscamos articular acciones con organizaciones con trayectoria en la temática como IARSE y Amcham en un ámbito que realmente necesitaba dar lugar al debate de estos temas como es la Bolsa de Comercio de Buenos Aires.
Los siete encuentros, seis en Buenos Aires y uno en Córdoba, nos permitieron abordar la sustentabilidad desde distintos ángulos.

Luis Ulla (IARSE), María Rigou (RSE Rigou y UADE Business School) y Alejandra Brandolini (AB Comunicaciones) abrieron el ciclo el 7 de agosto con un paneo general de la evolución del concepto responsabilidad social empresaria y sus diferentes acepciones en torno al rol de la empresa en el desarrollo, la gestión de los impactos sociales y ambientales y el diálogo con públicos de interés.

El 21 de agosto abordamos la temática de diálogo con públicos de interés, y las diferentes estrategias para desarrollar vínculos de confianza y la gestión de riesgos o intereses con un panel de empresas y consultoras integrado por Soledad Echagüe (Dow Argentina), Andrea Dala (Acindar) y Ana Cacace (Cacace-Buzón Comunicación y RSE).

Las políticas de recursos humanos, el balance entre familia y trabajo, salud y la innovación tecnológica para mejorar el clima de trabajo y reducir el impacto ambiental fueron el mix de debate del panel que integraron Christian Bernal (Walmart), Mariano Castro (Lan Argentina) y Rolando Sanfelippo (Sinteplast) en el encuentro del 18 de septiembre.

Beatriz Pellizari (La Usina y RedActivos) y Constanza Gorleri (Banco Galicia) aportaron sus experiencias en el desarrollo de políticas inclusivas de selección de proveedores, compras inclusivas y comercio justo. En el diálogo del 26 de septiembre, cada una desde su mirada aportó claves para el desarrollo de vínculos en la cadena de valor que generen mayor impacto social.

Las relaciones con consumidores y las políticas de satisfacción de clientes, gestión de la calidad y consumo responsable fueron el eje del debate del 23 de octubre. La mirada desde la agricultura tradicional y el compromiso en la cadena de valor y con la formación de las futuras generaciones fue el aporte de Javier García Moritan (Nidera). Por su parte, Gabriel Berardinelli (OIA) planteó los desafíos de desarrollo de una producción y consumo de alimentos de manera sustentable y sostenible argumentando que la agricultura orgánica tiene mucho por crecer aún en el país y en la región, como la existencia de otro tipo de certificaciones que constituyen nuevos parámetros de calidad de consumo responsable como las GLOBALG.A.P..

Este 30 de octubre hicimos el último encuentro en Buenos Aires y tuvimos a Horacio Martino (Tetrapak), Facundo Etchebehere (Danone) y Julián Bártoli (Goodenergy) para debatir sobre políticas de reducción de impacto ambiental, reciclado, tratamiento de residuos, compromiso ambiental en cadena de valor y ahorro de energía.

El cierre de la edición 2014 de Conversaciones Sustentables lo hicimos en Córdoba, con una jornada diferente que busco desarrollar herramientas de la comunicación no verbal en el desarrollo de nuestras relaciones interpersonales y en la construcción de vínculos de confianza con diferentes públicos con quienes interactuamos. El taller de CNV lo realizamos con Sergio Rulicki, reconocido especialista en la materia y autor de varios libros como “Comunicación No-Verbal: cómo la inteligencia emocional se expresa a través de los gestos” y “Detective de sonrisas”.

Comprometerse en lo que uno cree requiere pasión, capacidad de escucha, honestidad intelectual y voluntad de colaboración para que cada uno contribuya al diálogo aportando sobre lo que sabe.

El desarrollo sostenible es un desafío que involucra a todos los sectores de la sociedad, nuestra propuesta es facilitar y buscar que se generen los vínculos y las conversaciones que realmente contribuyan a un diálogo más auténtico, constructivo y que contagie energía positiva.

Seguí aprendiendo

En ABCOM cumplimos 20 años y para festejarlo estamos realizando un Ciclo de Conversaciones que Importan. Ciclo de Conversaciones Que Importan: Liderazgo y Diversidad

En los últimos años muchas organizaciones han invertido tiempo y recursos en el desarrollo de su intranet corporativa con características sociales. Sin embargo, cuando se enfrentan a la medición de resultados, hay un importante gap entre los objetivos propuestos y los indicadores relevados. Entre los datos más trascendentes que arroja el mercado, más del 60% de los colaboradores utiliza la intranet para descargar formularios, o bajarse una plantilla de PowerPoint, y gestionar trámites relativos a recursos humanos. En este escenario, el uso de la herramienta como plataforma estratégica de comunicación interna es cuanto menos anecdótico.

¿Por qué sucede esto? A priori por las tres mismas razones que hace 10 años atrás. No hay quién actualice la información, lo que se publica no tiene relevancia estratégica para los colaboradores, y finalmente, existe un profundo pero no reconocido convencimiento de que los empleados no utilizan la herramienta como plataforma de comunicación interna. Entonces ¿cómo pueden ayudarnos los blogs internos a dar el próximo paso hacia una intranet social?

La primera pregunta que podemos hacernos es ¿qué pasaría si democratizamos la comunicación interna entregando a todas las áreas de la organización la posibilidad de generar sus propios contenidos? ¿Cuánto se enriquecería nuestra comunicación interna si toda la compañía pudiese abrir un diálogo frecuente y transversal a todas las áreas del negocio? ¿En cuánto se incrementaría el nivel de engagement, si los colaboradores pudiesen tener un canal de contacto directo con los líderes organizacionales?

Sí, son muchas preguntas. Por eso les propongo comenzar planteando cinco ventajas del blogging como herramienta estratégica de comunicación interna:

Permite la actualización constante

Al no haber un único emisor responsable por la actualización de la información, se obtiene un flujo constante de información, y se favorece la co-creación de contenidos. Lo único que hay que tener en cuenta es planificar los días de actualización por áreas y personas para evitar caer en una entropía comunicacional.

Fomenta la cultura del diálogo

El blogger quiere recibir comentarios, preguntas, felicitaciones. Esto es una verdad innegable. Y cuando una organización empieza a bloggear, abre una puerta al diálogo (mediatizado, sí) entre sus colaboradores más allá de las distancias y los cargos. Muchos de los CEOs que hoy utilizan el blogging como herramienta de comunicación directa con sus equipos, se toman al menos 1 día por semana para responder personalmente comentarios que hacen sus colaboradores.

Pone a circular información de primera mano

Al darle la posibilidad a las áreas y a nuestros colaboradores de ejercer su derecho y responsabilidad comunicacional, estamos dotando a toda la organización de la capacidad de informar en primera persona, evitando en muchas oportunidades el cascadeo ineficiente de la información.

Comunicación en tiempo real vs la revista o el newsletter

El blogging permite comunicar a tiempo las novedades organizacionales, mejorando los tiempos entre que las cosas suceden, dan vueltas por radio pasillo, y se comunican oficialmente por medio de las revistas institucionales o el newsletter corporativo. Cómo me dijo un colaborador de una gran compañía multinacional “hay que evitar que la comunicación oficial siempre sea post mortem”.

Cultura colaborativa

Una vez que la cultura del blogging y la participación se instalan como parte de la cultura organizacional, las personas se muestran más propensas a cooperar y co-crear. De esta manera, se puede comenzar a innovar e invertir en herramientas colaborativas con la tranquilidad de que el ROI que se obtenga será alto.

Y este post no estaría completo, si no dijese que los primeros que deben comprometerse con cualquier iniciativa de intranet social son los líderes organizacionales, desde el CEO hasta el Supervisor, dando el ejemplo al resto de la compañía. Sin su compromiso, el esfuerzo puede llegar a ser frustrante.

¿Qué otras ventajas creen ustedes que puede proporcionar el blogging interno?

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Transformar tu organización no es fácil. Lleva tiempo y en un contexto de cambios rápidos embarcarse en una tarea sin final como lo es crear una cultura de trabajo abierta e innovadora parece ir a contramano de todo. Un camino que como líder estás acostumbrado a transitar.

A continuación te presentamos 8 consejos, musicalizados por Queen (por qué no?) porque creemos que un cambio cultural empieza casi siempre, por no decir siempre, por los líderes.

 

1. EMPEZÁ A JUGAR.

Escuchá Play The Game

El momento ideal para hacer las cosas no existe. Hacelo ahora y aprendé en el camino tanto de tus errores como de tus aciertos.

Sé flexible.

2.ELEGÍ UN EQUIPO.

Escuchá You’re My Best Friend

Solo no se puede. Necesitás un equipo sólido y enfocado de líderes para llevar adelante el cambio. Por eso siempre es bueno contar con un equipo que se esfuerce por el éxito colectivo todos los días.

3. HAZ LO QUE YO HAGO -NO LO QUE YO DIGO //

Escuchá A Kind Of Magic

Res nom verba/hechos no palabras/

Solo desde tus acciones y gestionando con el ejemplo vas a llevar a tu organización a aceptar y cambiar la forma de hacer las cosas.

4.INVOLUCRAR NO IMPONER.

Escuchá We Will Rock You

Invitá a todos a participar y “meter mano” para forjar el futuro del negocio. La idea es crear una cultura que permita a cada individuo ser lo mejor que puede ser para sortear entre todos los obstáculos que se interpongan (que generalmente son muchos).

5. ROMPÉ CON LOS HÁBITOS. HACÉ QUE EL CAMBIO SEA VISIBLE.

Escuchá I Want To Break Free

Todo programa de liderazgo y cultura necesita cambios visibles, que impacten en lo real y cotidiano. Tenés que salir del PowerPoint y derribar barreras (culturales y físicas). No tienen que ser cambios radicales pero sí actos simbólicos que ayuden a magnificar y resaltar tu influencia como líder.

6. MANAGERS COMO MENTORES.

Escuchá  Friends Will Be Friends

“Si el 7mo piso no sabe lo que pasa en el 2do piso, el cambio es imposible”. Cada vez más tu organización necesita de pequeños maestros que prediquen con el ejemplo y eduquen a sus equipos.

Un programa de “Open Chairs” para que los que quieran se puedan sumar a la mesa de vez en cuando y participar en la toma de decisiones. Así construimos cultura a partir de la confianza, la responsabilidad y el compromiso.

Líderes abiertos en una cultura abierta es para todos e involucra a todos.

7. SABÉ QUE EL CAMINO DEL CAMBIO ES SINUOSO.

Escuchá  Bycicle Race

Preparate para recorrer un camino vertiginoso y complicado. Con decisiones correctas y no tanto, el secreto está en transformar tus errores en oportunidades de aprendizaje.

Fomentr el diálogo constante con feedback honesto y compartir los resultados – buenos y no tanto- hacen a una cultura de liderazgo exitosa.

El cambio no es lineal, nunca. Lo importante es seguir y hacer, las buenas decisiones se toman mientras avanzamos.

8. NO PARES.

Escuchá Don’t Stop Me Now

El cambio no es lineal, pero sí es continuo.

Tenés girar la rueda de la colaboración en todos los puntos de contacto – eventos, workshops, entrenamientos, comunicaciones- inspirando una visión a futuro de proyección y proactividad más que de análisis y retrospección.

Siempre es mejor preguntarte “ok, qué sigue?” que “lo que hicimos: funcionó?”

Y ahora te preguntamos a vos.

Ok, qué sigue?

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Por favor respiren. Tomen aire. Exhalen. Ahora los invito a hacer una reflexión ¿Por qué aún hoy, en los años dorados de la modernidad líquida, cuando hablamos de comunicación interna (CI) se nos viene a la mente el paradigma instrumentalista? ¿Cómo es posible que en estos tiempos, los planes estratégicos de CI continúen teniendo sus tácticas más destacadas sobre los canales formales? La respuesta sin duda es compleja, pero me gustaría compartir con ustedes tres indicadores que, en mi experiencia, podrían ayudarnos a pensar sobre el tema.

 Tres puntos para pensar el futuro

El primero de ellos considero que proviene de la adolescencia de la práctica organizacional en CI. En efecto, el interés por trabajar profesionalmente los campos simbólicos internos de las organizaciones tiene poco más de 30 años de desarrollo. Y como siempre, partiendo del plano teórico, para recién entrar en la práctica concreta en los últimos 20 años de la mano de unos pocos líderes innovadores y pioneros en el campo del management del nuevo milenio.

El segundo punto es la ausencia de espacios formales que impulsen una práctica real de la escucha activa en las organizaciones. DesdeAB Comunicaciones hemos realizado alrededor de 40 diagnósticos de comunicación interna y cultura organizacional en compañías de primera línea, nacionales e internacionales, y puedo afirmarles que 8 de cada 10 colaboradores piden, desde hace ya bastante tiempo, trabajar más sobre la comunicación interpersonal. Y en este sentido la CI en las organizaciones tiene que superarse.

Los planes estratégicos de comunicación siguen atados en un 80/20 a la difusión de información por distintos canales, pero hay una gran desatención de los espacios de comunicación cara a cara. Por supuesto, existen muchas y valiosas iniciativas al respecto, pero es función de la CI desarrollar estos espacios y volverlos más participativos y democráticos. Aún hoy tenemos la deuda de equilibrar la balanza entre difusión y comunicación. De otro modo, estaremos sosteniendo por acción u omisión, una posición instrumental sobre el valor estratégico de la comunicación interna para el desarrollo organizacional.

De hecho, si nos ponemos a revisar el desarrollo de canales, podemos encontrar desde el tradicional house organ, hasta aplicaciones móviles para vehiculizar los mensajes que las compañías quieren llevar a sus colaboradores. Y sin embargo, la necesidad de desarrollar espacios de diálogo interpersonal sigue tan presente como antes. En algún punto de la práctica, la mediatización comunicacional se olvidó de dar paso al sentido último de la acción: comunicarnos.

El tercer y último punto es el que nos viene ocupando desde hace años en lo personal como en lo profesional. Se trata de la coherencia y la ética de nuestra función como comunicadores internos.

Sin lugar a dudas, toda la sociedad está reclamando a viva voz que sus líderes hagan lo que predican. Y esta realidad no escapa al mundo organizacional. De hecho pasamos la mayor parte de nuestro tiempo de vigilia dedicadas al trabajo. Y en este sentido, hoy continúo viendo con preocupación cómo se invierte en discursos y canales que no se condicen con la realidad organizacional. Entonces, aún hoy pretendemos que la comunicación interna siga siendo una herramienta de persuasión instrumental ejecutada desde la visión acotada de los canales.

Creo que tenemos una gran obligación ética en este punto, y es la de fomentar espacios de reflexión organizacional con líderes, mandos medios, y colaboradores de base que pongan en juego las tensiones existentes entre el decir y el hacer, para construir opciones superadoras.

¿Cuál es el siguiente paso de la comunicación interna?

Todos los que aportamos de alguna u otra manera a este campo, tenemos como deber ayudar a las organizaciones a superar el paradigma instrumental que se le ha impuesto a la comunicación interna. Habremos logrado avanzar en esta tamaña aventura cuando nos encontremos diseñando planes estratégicos de CI donde la relación canales/comunicación interpersonal se equilibre, garantizando la coherencia entre los discursos y los hechos, fomentando la escucha activa en todos los niveles de la organización, y por supuesto, midiendo con indicadores concretos el aporte de valor estratégico que la CI crea para alcanzar las más desafiantes visiones organizacionales.

¿Ustedes qué opinan? ¿Cuál es el siguiente paso?

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Aprendemos haciendo, no caben dudas: cada experiencia nos regala un poco de sabiduría.

Cuando niños, los primeros juguetes nos brindaban información valiosa sobre lo áspero y lo suave. Lo pesado y lo liviano. Lo cercano y lo distante. Pero, sobre todo, nos abrían la posibilidad de conocer un mundo nuevo: cómo pueden nuestras manos manipular objetos, nuestros ojos percibir colores y nuestros oídos identificar melodías.

Más grandes, jugando con amigos. Aprendimos a compartir y, bueno, también a no compartir: forjamos una personalidad e interpretamos la de los demás. En un diálogo constante con gustos e intereses propios y ajenos. Nuestra vida es un gran proceso de comunicación.

Y ya de adultos, cuando nos quisimos acordar, nos encontramos con una agenda repleta de citas, reuniones, compromisos y más compromisos. Y no percibimos que estamos dejando pasar la posibilidad que nos da el juego de conocernos mejor a nosotros mismos, a los demás y a nuestro entorno.

¿Dónde fue a parar esa capacidad de aprender jugando? Bueno, en realidad, a ningún lado. Nunca se fue, está en nuestro interior y podemos volver a disfrutarla.

¿Vale la pena incluir  en lo laboral el espacio de juego?

Creemos que sí. Y que los resultados pueden ser más que positivos. Con una adecuada estrategia de comunicación es posible capitalizar nuestras características humanas para que la gente en tu empresa encuentre espacios que posibiliten arribar a conclusiones importantes, pero por un camino distinto.

Cuando gestionamos un encuentro lúdico con un objetivo bien determinado, facilitamos los diálogos generando encuentros. Todas las personas de la empresa son responsables de la comunicación, y los líderes aún más. Y como tales, recorren un aprendizaje continuo en el cual ponen en juego sus habilidades como gestores emocionales.

El juego nos entusiasma, nos moviliza y nos libera de ataduras, nos propone una situación que nos conecta con fibras sensibles que fluyen en libertad. Si combinamos una consigna desafiante, mucho de trabajo en equipo y una pizca de competencia…

El desafío de gestionar estas estrategias de comunicación no descansa plácidamente en hacer que el mensaje llegue. Eso es fácil. El apasionante proceso de la comunicación no se agota en lo dicho o en lo hecho, apenas allí comienza la maravillosa construcción.

El gran objetivo es hacer que los protagonistas crean en el mensaje porque lo han descubierto por sí mismos.

Algunos tips para tener en cuenta:

1- Crear el clima: procurar el espacio adecuado y comunicar claramente los objetivos;

2-Disminuir la improvisación: La actividad lúdica, el juego, busca un objetivo claro, por lo tanto requiere de una mirada estratégica;

3-Respetar las personalidades de los participantes: la idea es incluir, fomentando la comunicación entre todos, ¡incluyendo excéntricos y tímidos!

4-Abordar las conclusiones de manera participativa: Es importante acompañar a los participantes en el proceso de reflexión final, procurando que puedan manifestar lo que han descubierto.

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¿Te animás a jugar como chicos para reflexionar como grandes?

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¡Gracias!…

Pongámonos en situación. Comienza el momento mágico en que tomamos el joystick, se enciende la Xbox, PS, Wii, o la Atari, no importa. Lo único que importa en ese momento es jugar. Nos sumergimos profundamente en el juego y ponemos el 110% de nuestra energía e inteligencia en lograr el objetivo final. Entonces, ¿por qué nos cuesta más cuando se trata de poner la misma energía en nuestra cultura organizacional?

Los juegos nos comprometen con algo muy intrínseco en cada uno. Ponen a prueba nuestra capacidad estratégica, nuestra resistencia al fracaso, la paciencia, y en definitiva, nuestro orgullo propio. Porque seamos honesto, nadie se vanagloria de no llegar al final del Call of Duty, o cerrar la historia en Watchdogs. Siempre, siempre queremos ganar. Y es ahí donde creo que los videojuegos actúan para sacar el máximo esfuerzo y el mayor compromiso.

Por esto, estoy seguro de que los videojuegos pueden enseñarnos al menos 4 lecciones de valor para la gestión de la cultura corporativa y la creación de equipos de alto desempeño.

1 – Perseguir pequeños objetivos que contribuyen al éxito general:

Si algo caracteriza a los videojuegos es que siempre tenemos un objetivo claro y que, a priori, parece muy simple de alcanzar. «Cruzar el río», «únete con tu escuadrón», «interactúa con los vecinos», son algunos de las pequeñas conquistas que tenemos que alcanzar. Y eso es precisamente lo que nos motiva. Suenan simples y fáciles, aunque después nos demos cuenta de que hablar con el señor que estaba en la otra esquina requería atravesar una calle con derrumbes, dos francotiradores, y llegar por la izquierda para que nuestro objetivo no salga huyendo y fracasemos.

Los pequeños logros claramente nos motivan porque desafían nuestro orgullo de campeón, y nos dan una recompensa inmediata: seguir avanzando en el juego. En el marco de la cultura organizacional necesitamos plantear esos simples objetivos que nos permitan ganar rápido, y dar el paso siguiente hacia la visión o gran propósito de la compañía.

2 – Saber cuándo esperar y cuándo mover:

Los videojuegos nos proponen un ritmo particular. A veces hay que dejar que avancen otros y cubrir la retaguardia, comprobar si un personaje es agresivo o no, esperando que interactúe con otro. En otras oportunidades hay que ser cabeza de lanza, asumir el riesgo y avanzar sin perder tiempo. Nuestro criterio es lo que nos permite determinar lo que haremos en cada momento, y el resultado de nuestra decisión nos dirá si hicimos o no lo correcto. Sea cual sea el escenario, los juegos nos proponen ser pacientes, sin que esto signifique no hacer nada.

3 – Siempre se puede volver y aprender del fracaso:

Sin duda una de las mejores maravillas de la vida gamer. Si nos fue mal en un objetivo, podemos volver una y otra vez a intentarlo, pero en cada oportunidad sabiendo algo nuevo que nos acerca más al objetivo. A veces, las situaciones que debemos superar para alcanzar el objetivo son tan complejas que, incluso frente a nuestro orgullo, estamos dispuestos a fracasar para poder 4 GRANDES LECCIONES DE LOS VIDEOJUEGOS PARA LA CULTURA ORGANIZACIONAL comprender cómo avanzar. Esta es una gran deuda de la gestión de los intangibles culturales: debemos darnos la posibilidad de fracasar. Si la innovación y la disrupción son la regla, tomemos con seriedad la posibilidad de fracasar, porque en el peor de los casos, habremos aprendido algo nuevo.

4 – Cooperar con otros:

Y es una de las más grandes conquistas del mundo de los videojuegos, porque hoy se juega en red. Y jugar en red significa escuchar a otros, colaborar con ellos por un objetivo común, y aprender juntos. De hecho, con  buscar algún foro gamer de referencia, Google nos devuelve más de 1,7 millones de resultados. La cooperación es innata en el hombre, y esto debe explotarse con urgencia en aquellas culturas organizacionales donde, aún hoy, prevalece el individualismo como regla. Cooperando, se consigue más porque se aprende más, y las fuerzas se sinergizan para cumplir los objetivos.

Si te gustó, podés seguir aprendiendo

En esta nota, te preguntamos: ¿qué convesaciones estas generando en tu organización?. Quienes trabajamos en la apasionante aventura de comunicar, hoy más que nunca, tenemos el deber y hasta diríamos la obligación de crear organizaciones con sentido y contenido.