¿Para qué vas a la oficina?

Las organizaciones argentinas están atravesando un nuevo momento en relación con los espacios de trabajo. Tras varios años de virtualidad forzada, muchas volvieron —casi sin escalas— a esquemas de presencialidad plena. Pero el interrogante es inevitable: ¿qué motiva esa vuelta? ¿Una necesidad genuina o una pulsión por recuperar el control? ¿Una decisión estratégica o una construcción ideológica sobre lo que significa “ser productivos”?

ABCOM tiene nuevas oficinas. Y aunque el cambio de espacio podría parecer apenas un dato interno, decidimos convertirlo en una oportunidad para reflexionar sobre la importancia de pensar cómo y para qué trabajamos, cómo nos encontramos, cómo convivimos.

A partir de esta transformación, conversamos con Mariela Rodríguez Ponte, socia y COO de ABCOM, y Laura De Robertis, Directora de Cuentas de ABCOM, sobre el sentido de los espacios de trabajo y las tensiones que atraviesan hoy a las organizaciones. ¿Qué motiva realmente el regreso a la presencialidad? ¿Cómo se piensan —y se comunican— las decisiones que impactan en la vida laboral de las personas? ¿Qué tendencias están marcando el rumbo en este 2025?

El trabajo ya no entra en las viejas formas

Volver a la oficina no tiene, en sí mismo, ningún valor si no responde a una lógica de sentido. La presencialidad solo suma cuando se diseña para potenciar aquello que no se puede lograr en la virtualidad: el encuentro, la conversación espontánea, la construcción de confianza, la escucha activa. Pero pretender trasladar la rutina de la computadora a un escritorio compartido sólo porque sí es ineficiente, costoso y, muchas veces, contraproducente.

“La presencialidad no es mejor ni peor: es distinta. Sirve para cosas distintas. El problema aparece cuando se impone sin pensar. Ahí se pierde productividad, se erosiona el compromiso y se tensionan los vínculos”

Mariela Rodríguez Ponte

Desde ABCOM creemos en un modelo de trabajo híbrido desde siempre, diseñado desde una visión clara: combinar lo mejor de ambos mundos para generar valor, tanto para las personas como para el negocio. No es una fórmula mágica, es una práctica que se construye desde el criterio.

Lo que está en juego no es un escritorio: es una visión

Detrás de cada política de presencialidad hay una concepción del trabajo. Algunas organizaciones volvieron a poner el foco exclusivamente en los resultados medibles, la productividad inmediata, la lógica de “estar para que te vean”. Otras, en cambio, están pensando en esquemas más inteligentes, en los que la presencialidad se convierte en una herramienta al servicio de la colaboración y la experiencia laboral.

En ese juego también se pone en tensión la cultura organizacional. Porque imponer cuatro días de oficina por semana, sin considerar las trayectorias de vida de las personas, puede afectar la atracción y retención de talento. Y porque no alcanza con tener oficinas “lindas” si el modelo de trabajo detrás sigue siendo rígido y unidireccional.

Diseñar el espacio desde la experiencia

La transformación del espacio físico en ABCOM fue, ante todo, una decisión práctica: necesitábamos un lugar más cómodo, donde pudiéramos trabajar juntos sin que nadie quedara afuera. Pero también fue una oportunidad para reafirmar nuestra visión sobre el trabajo.

“La idea no fue hacer una oficina linda, sino una oficina que sirviera para lo que hacemos: para reunirnos, para pensar, para tener un brainstorming sin molestar al de al lado. Si no hay un sentido claro, por más que la oficina sea divina, nadie tiene ganas de venir”.

Laura de Robertis

Además, como toda mudanza, implicó diseñar una estrategia de comunicación que acompañara el proceso sin saturar. Lo hicimos como trabajamos: con humor, con ideas colaborativas, sin exagerar ni disfrazar las cosas. Una campaña breve, interna y sencilla, que buscó generar entusiasmo sin grandilocuencias. Porque si hay algo que tenemos en claro en ABCOM es cómo nos sale mejor trabajar. Y cuando tenés una visión compartida, la mejor comunicación es la más simple.

Si bien no fue un cambio radical (seguimos con un esquema híbrido) sumamos una segunda jornada presencial por mes. Y eso, aunque parezca menor, generó resistencia. Sobre todo en quienes viven más lejos. Por eso fue importante poder explicar bien el para qué. Si no hay un sentido claro, por más que la oficina sea divina, nadie tiene ganas de venir.

Una pregunta que vale la pena hacerse

Volver a la oficina no debería ser una reacción automática, ni una réplica de mandatos previos. Debería ser el resultado de una reflexión compartida: ¿qué tipo de experiencia queremos generar en nuestros espacios de trabajo? ¿Qué rol cumple la presencialidad en nuestra propuesta de valor como empleadores? ¿Qué visión del trabajo estamos construyendo y comunicando?

En ABCOM, acompañamos a organizaciones que buscan responder estas preguntas con criterio, coherencia y perspectiva humana. Sabemos que no hay una receta única, pero sí hay decisiones que se pueden tomar con más sentido para construir una propuesta de valor real y atractiva para el talento que buscás atraer y retener.

 ¿Estás atravesando un cambio en tu espacio de trabajo o repensando tu modelo de operaciones? Podemos ayudarte a construir una estrategia comunicacional alineada con tu cultura y tus objetivos. Escribinos y pensemos en conjunto cómo convertir el cambio en una oportunidad.